24 ago. 2011

COMUNICADO DE LA IGLESIA DE LOS POBRES

A la sociedad y las comunidades cristianas
Comunicado del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres.

El Grupo de Curas en Opción por los Pobres nos hemos reunido, como todos los años, y al finalizar nuestro encuentro hemos elaborado este documento para que sea conocido y divulgado.

Como curas en la Opción por los Pobres, nos hemos reunido en nuestro 25º Encuentro Anual. Hemos mirado nuestra vida, toda el agua que ha corrido bajo el puente, y compartido los “gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”[1] como nos invitaba a hacerlo hace ya 50 años, el recordado –y tantas veces negado– Concilio Vaticano II.

En estos años, hemos tratado de mirar la realidad en la que estamos inmersos, muchas veces cargada de dolor y muerte, y tantas otras de fiesta y esperanza. Hemos caminado, o intentado caminar, con el pueblo para aprender de él y con él ir dejando brotar el Reino que Dios ha sembrado en la historia.

Hoy, como lo hicimos en 1986 en Florencio Varela, queremos renovar nuestro compromiso con la Iglesia de los pobres, a la que refirió el recordado Juan XXIII y retomó Juan Pablo II. [2]

Creemos que hoy la situación de los pobres de nuestra Patria es muy diferente de la que era hace 25 años, y de los momentos muy duros que les tocó vivir. También es muy distinta la situación en el interior de la Iglesia. La situación eclesiástica hace ya muchos años fue calificada de “Invierno eclesial” por uno de los mejores teólogos del sigloXX. [3] En lo que respecta a la situación social, la mayoría del pueblo parece haber expresado públicamente –¡y en democracia!, algo que celebramos– su opinión de que el camino elegido es el correcto, aunque creemos que todavía falta mucho por hacer.

Creemos que pensar que los pobres están bien es una contradicción en sí misma, aunque creemos que los pobres están mucho mejor que hace unos años.

Creemos que es mucho más lo que falta por hacer que lo que se ha hecho, como incluso funcionarios del actual gobierno han reconocido.

Creemos ingenuo negar que hubo, hay y habrá quienes quieren negarle al pueblo sus posibilidades de fiesta y alegría, y no deberíamos estar desatentos ante ello, sea por el inmoral afán de lucro, la mentira sistemática y hegemónica, la ideología perversa de la mano invisible del Mercado o la sumisión acrítica a los coros de ajuste, represión, desocupación y endeudamiento, cuyas dramáticas consecuencias vemos hoy en varios países del Primer Mundo y de América Latina.

Caminando del lado de los pobres, y junto a tantos y tantas que se juegan la vida por ellos, no queremos bajar los brazos y pretendemos seguir buscando una más justa distribución del ingreso, la posibilidad de acceso a la tierra y la vivienda, una mayor justicia para los jubilados, la proliferación de trabajo digno y justo, la educación de calidad, el respeto profundo a la “hermana, madre tierra”,[4] una mayor seguridad, o poder enfrentar con decisión otros graves problemas como la violencia (familiar y social), la droga, y la desesperanza.

Y una vez más queremos reafirmar nuestro camino –como curas– junto a los pobres, para anunciar con alegría el Reino que Jesús inaugura y nos hace hermanos y hermanas, especialmente de los pobres y despreciados; guiados por el Espíritu Santo, el “padre de los pobres”,[5] e iluminados por la Virgen María que canta feliz porque “Dios derribó de su trono a los poderosos y elevó a los humildes; colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías”.[6]<

Florencio Varela, 19 de agosto 2011

[1] Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática sobre la Iglesia en el Mundo, Nº 1.
[2] Juan XXIII, Convocatoria al Concilio Vaticano II; Juan Pablo II, Carta Encíclica, Laborem Excercens 8; Redemptoris Mater 60.
[3] K. Rahner. Glaube in winterlicher Zeit : Gespräche mit Karl Rahner aus den letzten Lebensjahren, Düsseldorf 1985.
[4] San Francisco de Asís, Cántico de las Creaturas 9.
[5] Liturgia Romana de Pentecostés, Secuencia.
[6] Lucas 1,52-53.

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